
Cuando ella aún iba en carricoche y los dos hermanos de mi madre aún tenían el restaurante debajo de casa mi güela, con aquella terraza de grava, mi tía-madre adoptiva me dejó pasear a Tania por allí. Tuve tan mala suerte, por culpa de aquella grava asquerosa, que se engancharon las ruedas y terminamos por el suelo mi prima, el carricoche y yo. ¡Menudo susto se llevó mi tía al ver a su hija debajo de aquel armatoste! Y el mío por la bronca que me podía caer.
Hoy Tania no recuerda nada de aquello (por suerte, jeje). Y ahí está, estudiando, trabajando y conociendo famosos (sí, el retaco que está a su lado es Ana Torroja).
Felicidades